Baby Driver
Música, velocidad y acción. Eso es Baby Driver, una de las últimas películas del verano que ha resultado ser una grata sorpresa. La cinta mezcla todos los ingredientes necesarios para ser un éxito: amor, venganza, un dilema interno en el que se debate el protagonista, espectaculares escenas de huida en los coches, unos malos muy bien interpretados por Kevin Spacey y Jon Hamm, y mucha música.
Pero cuando conoce a la guapa y encantadora Debora (Lily James) y descubre que es el amor de su vida -así de repente-, decide que es el momento de dejar su vida como criminal y huir con ella -conociéndola casi de la noche a la mañana-. Todo muy idílico. Pero claro, las cosas nunca salen como uno quiere, y Baby debe trabajar en un último golpe que no sale como habían planeado.
La película en sí es pura adrenalina, estás en tensión casi continuamente, y te metes de lleno en ella. Exceptuando el amor que siente la joven pareja que provoca que ambos quieran dejarlo todo para estar el uno con el otro, el filme me gustó mucho. La acción acompañada de toques cómicos, y sobre todo el enfrentamiento final entre el protagonista y uno de sus compañeros, es brutal. Y sobre todo, ver a Kevin Spacey interpretar a uno de esos personajes que se le dan tan bien, siempre es agradecido de ver.
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